*—Ezra:
El alfa se acercó despacio. Sus manos rodearon primero la cintura de Ezra, acariciándola con suavidad. El omega soltó su propio trasero y apoyó ambas manos contra la pared de azulejos, intentando mantener el equilibrio. Sus piernas temblaban ligeramente mientras el deseo crecía en su vientre.
Una de las manos de Dante abandonó su cintura, y poco después, Ezra sintió la cabeza caliente y pesada del alfa presionando contra su entrada.
Ezra cerró los ojos con un jadeo cuando Dante comenzó