*—Ezra:
Sintió los pasos antes de oírlos claramente y luego el calor familiar de las feromonas de Dante envolviéndolo. Sus brazos rodearon su cintura por detrás y su cuerpo se pegó al suyo, firme, protector. Ezra reaccionó al instante, su cuerpo respondiendo con una rapidez que lo tomó desprevenido.
—La comida está caliente —murmuró Dante cerca de su oído—. Compré arroz frito y pollo sesame.
—Gracias… —respondió Ezra, girándose entre sus brazos para mirarlo.
Y ahí estaba su alfa, tan real, con