*—Dante:
El apartamento quedó en silencio, saturado por el olor denso de las feromonas de Dante y por una culpa que, por primera vez, pesaba más que el propio deseo.
Cuando estuvo a solas, Dante soltó un suspiro pesado y se pasó una mano por la cara, como si intentara arrancarse de la piel la tensión que lo cubría. El silencio del apartamento le cayó encima con todo el peso de su decisión.
Una parte de él quería quedarse. Quería dejar que la situación siguiera el curso que parecía inevitable, h