*—Dante:
Después de dejar a Ezra, Dante no regresó a casa. No se atrevió. Condujo sin rumbo hasta detenerse frente a un hotel cualquiera, uno de esos impersonales donde nadie pregunta demasiado, y pagó una habitación con la mente hecha un nudo. No quería volver a su apartamento porque sabía que Ezra podía buscarlo allí, y estaba absolutamente seguro de que, si el omega aparecía frente a él, con el celo brillándole en los ojos y el aroma suplicante envolviéndolo todo, no tendría la fuerza para d