*—Dante:
Media hora más tarde, Dante conducía hacia la cabaña, ubicada a casi cuatro horas de la ciudad. Era domingo y las calles estaban despejadas, lo que hizo el trayecto más fluido, aunque su mente no lo estaba. El calor regresaba en oleadas y tuvo que detenerse un par de veces para recuperar el aliento, apoyando la frente contra el volante mientras respiraba hondo.
Llegó poco después de las nueve de la noche. La cabaña estaba rodeada de oscuridad y bosque. Una mujer beta, de mediana edad,