Un sonido. Luana frenó el coche bruscamente; el metal chirrió contra el asfalto mientras su corazón le saltaba en el pecho. Estaba segura de lo que había oído: un grito agudo, un pedido de socorro desesperado que rasgaba el silencio de aquella calle desierta como una cuchilla. Su sentido innato de la justicia, forjado en años de luchas silenciosas, no le permitió simplemente seguir su camino.
—¡Si no quieres morir, más vale que te calles! Si sigues gritando, mi navaja acabará encontrando tu cuel