Al subir al coche, la joven tomó la iniciativa de sentarse en el asiento trasero. Luana, pensando que aquel comportamiento era solo fruto del trauma reciente, no hizo preguntas y arrancó. Siguió las coordenadas indicadas, acelerando por la carretera hacia las afueras de la ciudad, una zona industrial aislada donde los postes de luz escaseaban y la oscuridad parecía tragarse el asfalto.
Luana frunció el ceño, sintiendo cómo crecía su desconfianza. «¿Seguro que es aquí?», pensó. Miró por el retrov