Cuando Isabela entró a la churrasquería, sus pasos vacilaron por un segundo. La escena era improbable: una mesa llena donde, además de Johan y Killian, estaban Maison y la pequeña Nina.
No necesitó mucho esfuerzo para deducir que Nina había sido el motor de aquel encuentro, pero el hecho de que Killian hubiera cedido la dirección todavía era un misterio que pretendía investigar más tarde. El mayor impacto, sin embargo, era la presencia de Maison. El hombre que siempre había detestado los ambien