Cinco minutos después, Isabela entró apresurada al set. El esfuerzo de la carrera dejaba un rastro de sudor en su frente. Rápidamente, tomó un pañuelo, retocó su rostro y revisó su aspecto en la cámara del celular; necesitaba mantener la compostura.
Al cruzar la entrada, se llevó una sorpresa: el lugar estaba desierto. Al ser un espacio reservado por la poderosa familia Thorne para una campaña de la marca, el silencio era, cuando menos, extraño.
—¿Qué quieres conmigo?
La voz la hizo sobresaltar