Alessandro se mantuvo evasivo, pero sus ojos, profundos como el océano, revelaban una turbulencia latente. En ese momento, lo único que quería era acorralar a Luana contra la pared y besarla apasionadamente. Su mirada se oscureció mientras la contemplaba. El vestido verde era perfecto, pero los tirantes delgados dejaban al descubierto sus hombros claros y sus hermosas clavículas.
Luana sintió la mirada intensa y persistente de Alessandro. Poco a poco, tuvo la sensación de estar en un deserto baj