A Lorena le resultó divertido y volvió a tocar la mandolina. Esta vez, lo hizo con aún más fluidez que antes y notó algo extraño en la forma en que tocaba el niño. Cuando le tocó su turno, ella corrigió el error.
El pequeño la miró incrédulo; simplemente no podía creer que Lorena no solo hubiera aprendido a tocar, sino que hubiera hecho una segunda creación. La obra original, de tono melancólico, adquirió un toque de encanto melodioso y desinhibido. Tan pronto como terminó la música, estalló un