Alessandro frunció el ceño aún más, pero no respondió.
—Presidente, la señorita Luana no quería dejar de venir a verlo. Recibió una llamada diciendo que alguien vio a Lorena en el mercado, así que corrió a buscarla —explicó rápidamente Rafael en nombre de Luana, sin querer que Alessandro la malinterpretara.
Las cejas de Alessandro se relajaron ligeramente y una luz casi imperceptible brilló en sus ojos profundos, como un vasto océano.
—¡Rafael, ¿estás mintiendo?! ¿Por qué no me habías contado e