—Señorita Camila, no necesita sacrificarse de esa manera. La ayudaré siempre que me lo pida —dijo el asistente con absoluta seriedad.
Pensó para sí que jamás podría mancillar a una mujer tan pura y hermosa como Camila.
Camila se quedó estupefacta.
Nunca habría imaginado que existiera alguien tan ingenuo.
Ella se le estaba ofreciendo prácticamente en bandeja de plata... ¡y él la rechazaba!
Pero, ya que no quería dar ese paso, tampoco iba a obligarlo.
—Gracias. Conocer a alguien tan maravilloso c