—¿Qué...?
Lara había reunido todo su valor para enfrentarse a Alessandro, pero en cuanto se encontró con aquellos ojos fríos e impenetrables, empezó a tartamudear.
—No se preocupe, estarán bien —dijo Alessandro con un leve gesto de la mano.
Después miró a los tres niños, extendió la mano hacia ellos y los llamó:
—Vamos.
Pero ninguno quiso tomarla.
Uno tras otro, pasaron de largo ignorando por completo el gesto.
La actitud altiva de los pequeños hizo que Lara estuviera a punto de echarse a reír.