Los informativos seguían emitiéndose sin descanso.
Ante las cámaras, Berta lloraba desconsoladamente mientras declaraba que jamás permitiría que la persona que había hecho daño a su hija quedara impune.
En la habitación del hospital, una repentina revelación golpeó a Lara.
Su expresión cambió bruscamente.
Miró a Luana con los ojos muy abiertos y tartamudeó:
—Luana... ese collar...
Luana frunció el ceño, reflexionó unos segundos y asintió en silencio.
Efectivamente, aquel collar le pertenecía.
—