HASSAN AL-ÁSAD
Los días se deslizaban con la velocidad de un rayo, y con ellos, mi enamoramiento por mi mujer crecía de forma incontenible. Todo en ella me fascinaba; amaba su tenacidad inquebrantable, su fortaleza. Ella era una mujer nacida para reinar, aunque aún no se percatara de la magnitud de su poder. Ella era una Sultana, pura y verdadera.
Poseía un corazón guerrero, un baluarte inquebrantable de bondad y justicia para su pueblo; una cualidad rara y preciosa en este mundo plagado de pod