CAPÍTULO 82

HASSAN AL-ÁSAD

Los días se deslizaban con la velocidad de un rayo, y con ellos, mi enamoramiento por mi mujer crecía de forma incontenible. Todo en ella me fascinaba; amaba su tenacidad inquebrantable, su fortaleza. Ella era una mujer nacida para reinar, aunque aún no se percatara de la magnitud de su poder. Ella era una Sultana, pura y verdadera.

Poseía un corazón guerrero, un baluarte inquebrantable de bondad y justicia para su pueblo; una cualidad rara y preciosa en este mundo plagado de pod
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