HASSAN AL-ÁSAD
Camino hacia la oficina de Malak y Raissa me sigue; tardamos unos segundos en llegar y, al hacerlo, entro primero y luego me sigue ella. Observo cómo cierra la puerta.
Me cruzó de brazos esperando que comience a hablar.
—Hassan, yo te a... —habla, pero la detengo antes que siga.
— Raissa, no quiero que me hables de amor ni de sentimentalismo baratos y estúpidos; estamos aquí para hablar y resolver todo esto y dejarte claro que te quiero lo más lejos posible de mí y de mi espos