CAPÍTULO 36

JADE AL-QALA

Lo observó caminar como un león que va por su presa, una presa que quiere devorar sin pudor alguno.

Mis ojos recorren su cuerpo de arriba hacia abajo, mi lengua pica por la ansiedad de deslizarse por toda su anatomía; observo cómo su cuerpo es adornado por una fina capa de sudor que se adhiere a su cuerpo como una segunda piel.

Observo su miembro erecto y erguido en toda su plenitud y el recuerdo me llega de golpe al recordar la calidez de su piel; su piel estaba a una temperatura
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