CAPÍTULO 48. ESTÁS LOCO

Iñaki apenas podía respirar a causa de la sensación desoladora, que lo atravesaba por todo su torrente sanguíneo, al percibirla sufriendo tanto. De inmediato guardó el arma y la sostuvo por la cintura, notando al instante que había bajado de peso y ni ese disfraz de religiosa, lo podía ocultar.

—No vine aquí a hacerte daño. —Inclinó su cabeza, azorado—. Tenemos que hablar.

Inspiró la mayor cantidad de aire que pudo, intentando recuperar la fuerza que necesitaba para atreverse a mirarlo a los oj
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