Mundo ficciónIniciar sesiónVer las bolsas de compras ocupando ambas manos de Romilda ya no era algo extraño para Matteo.
Ella pasó a su lado con total indiferencia, como si él ni siquiera existiera.
Aquello hizo que el pecho de Matteo se encogiera aún más.
Cada día sentía que ella estaba más lejos.
—Espera, Romilda —la llamó.
Ella se detuvo y se giró lentamente.
—¿Y ahora qué?







