Elisa colocó la carpeta en la mesa de la sala y respiro profundo, había logrado, por unos instantes, deshacerse de la incomodidad de convivir en la misma habitación que Gael Beaumont.
Prendió su laptop y empezó a examinar de nuevo el programa del congreso. Verificó los tiempos de las reuniones, revisó la lista de empresarios que asistirían y volvió a chequear, por tercera ocasión, los papeles que presentarían al día siguiente.
Se esforzaba por convencer a sí misma de que aquel viaje era solo