"Lo siento por haber tardado tanto en recordarte", murmuró Maya entre el beso, y eso encendió a Antonio, se lanzó con toda su lengua dentro de su boca, succionando cada rincón de sus labios, como un león hambriento… tan profundo.
Maya se derritió en el beso, envolviendo lentamente sus brazos alrededor de su cuello y metiendo sus manos en su sedoso cabello.
Antonio tomó su cintura, sus labios moviéndose suavemente sobre los de ella. Le mordió el labio inferior, y sus labios se separaron lentamente, sus lenguas se encontraron con una chispa de electricidad.
Sus lenguas rodaban una contra la otra, sus labios hacían suaves chasquidos a intervalos. Los ojos de Maya se abrieron cuando los labios de Antonio recorrieron su cuello, y sus manos lo agarraron por los costados con fuerza, mordiéndose los labios seductoramente.
Antonio rompió el beso y apoyó su frente contra la de ella mientras recuperaban el aliento.
Abrió los ojos para mirar su rostro, sus ojos fijos en los de él, respirando con