Estoy aquí ahora —dijo Maya, mirando hacia arriba para ver a la persona— y lo abrazó con fuerza, mientras él rodeaba su cuello con una mano.
Ella aspiró su aroma, agradecida por su presencia.
MOMENTOS DESPUÉS
El cuerpo de Maya estaba cubierto por un edredón grueso y suave, y sus ojos permanecían cerrados.
Tenía una toalla tibia en la frente porque se había desmayado hacía apenas un minuto.
Antonio fue quien la salvó, y gracias a la ventana del baño, él pudo saltar por ahí, y por eso salió de es