Antonio, que había estado observando, soltó una sonrisa divertida.
—¡Esa es mi reina! —exclamó.
Maya dejó caer su arco y se giró, esperando ver a Antonio, pero él ya no estaba.
—¿Qué? ¿Ni siquiera esperó para ver quién ganaba? ¡Ese idiota! Y yo pensando que todavía estaba aquí… —murmuró, frunciendo el ceño.
Entonces su mirada fue hacia Skylar, que aún seguía arrodillada en el suelo.
No se atrevía a levantar la cabeza… quizá por vergüenza. ¡Quién sabe!
Maya bufó y salió del campo de entrenamient