Y entonces, sin previo aviso, él se inclinó muy cerca de ella. Maya miró hacia abajo y notó un bulto marcado que casi levantaba el pantalón que Antonio llevaba puesto.
¿Qué demonios?
—¿Eso es… un pepino o qué? —se preguntó, moviéndose incómoda hacia un lado.
—¿Qué te sorprendió? —preguntó Antonio, y Maya rápidamente apartó la mirada.
—Tengo… asuntos pendientes que resolver —dijo ella, intentando marcharse. Pero Antonio la sostuvo por la cintura y la hizo sentarse en la cama, sin brusquedad pero