Isabella
Yo también me quedé paralizada.
Mis piernas se negaban a moverse. Por más que lo intenté, no pude obligarme a dar otro paso hacia ellos.
Antonia parecía furiosa. Su rostro ya no se parecía al de la hermosa hada que todos describían. En cambio, parecía una criatura salvaje dispuesta a despedazarme y dármela de comer a sus perros.
Margaret no estaba mejor.
Thomas no estaba por ningún lado. No lo veía por ninguna parte, y no sabía si se había marchado o si ni siquiera había venido.
Pero n