IsabellaAl día siguiente amaneció un silencio más pesado que el de la noche anterior, pues al menos aquella había estado llena de voces, reacciones y ese tipo de caos externo que le daba a la mente un refugio. Pero ahora solo reinaba la quietud, y en ella todo lo que había oído en aquella habitación, todo lo que había visto y todo lo que había intentado no comprender seguía volviendo a mi mente.Sobre todo la voz de Liam, que lo decía con tanta calma delante de sus padres, como si toda mi existencia pudiera expresarse con palabras sin mi consentimiento, y la expresión de su madre después, cortante y disgustada, como si yo fuera algo a lo que, por error, le hubieran permitido entrar en su espacio.Juguete, me había llamado. Y para su madre, yo no era más que basura, indigna de pertenecer a su familia o de responder a su nombre.Cuando llegué al edificio de oficinas de Liam, ya era consciente de que mi cuerpo me había traído hasta allí antes de que mis pensamientos lo asimilaran del tod
Leer más