Isabella
Estaba terminando lo último de mi trabajo cuando la oficina empezó a quedar en silencio.
El suave zumbido de las impresoras disminuyó y se escuchó el leve roce de las sillas al levantarse la gente para estirarse tras largas horas de labor. Exhalé y moví ligeramente los hombros mientras guardaba el último documento en la pantalla.
Otro día terminado.
Debería haberme sentido aliviada.
Pero no fue así.
En cambio, mis pensamientos volvieron a divagar, sin invitación, tal como había ocurrid