Elena
Bia recuperó el aliento. Se acomodó el cabello.
—Cambiando de tema. Hay una fiesta hoy. En la casa del capitán del equipo de fútbol americano.
—¿Quién?
—Ryan. Ese rubio gigante que parece una nevera.
—Ah, él.
—Te pidió tu número.
—No se lo di.
—Dáselo. Ven conmigo. Bebemos, bailamos, olvidamos los problemas.
—No voy.
—¿Por qué?
—Voy a estar en casa. Cuidando a los niños.
—¿Después del horario laboral?
—No me gusta dormir lejos de ellos. Léo tiene pesadillas a veces. Desde que se enfermó,