Sin poder dar crédito a lo que veían sus ojos, además de abochornada por el hecho de que acababa de ser descubierta en su mentira, Luisa quería atravesar la ventana en donde su reflejo había estado dando vueltas, mirándose de varios perfiles con su nueva ropa.
—No creí que fuera a encontrarte aquí —dijo Mario, que parecía estar solo.
«Y yo, con la última persona que hubiera querido encontrarme hoy, es contigo».
—Oh, bueno, es que… —balbuceó Luisa, sin saber qué inventarse.
—Estás preciosa, Lui