Eran casi las nueve y Luisa todavía no terminaba de arreglarse. Se había atrasado intentando dormir a los niños, pese a que la señora Amaya le insistió en que lo haría ella, pero Luisa no creía conveniente que, aparte de haberle comprado un vestido muy costoso, la señora tuviera que también encargarse de una labor que era propia de ella.
—El señor Aristizábal va a llegar en cualquier momento y no sería conveniente que, aparte de hacerte esta invitación especial tenga que esperarte —dijo la seño