El celular timbró por varios segundos antes de que Mario contestara.
—¿Amor? Hola, ¿cómo estás? —saludó Luisa, dando dos pasos a un costado de la puerta del local de artesanías al que había entrado la señora Amaya y, viendo que ella se demoraba, la joven se decidió a llamar a Mario y desentrañar, de una vez, qué era lo que estaba ocurriendo, además de su extraño comportamiento de la noche anterior.
—Lu, cariño, ¿cómo estás? Yo bien, ¿y tú? —respondió Mario, con cierto nerviosismo en su voz que