Mario llamó a la puerta de la habitación que ocupaba Viviana en la casa vacacional y la niña abrió luego de algunos segundos. Lo miró a los ojos, enfadada y después se dirigió hacia el fondo de la habitación, en donde estaba la cama. Allí se acostó de espaldas, mirando hacia la pared.
—¿No quieres salir a desayunar con todos? Vamos a ir a comer afuera, ¿nos acompañas? —preguntó Mario sin saber cómo empezar la difícil conversación que tenía por delante con Viviana.
La niña no respondió y pasado