Antonio besó y abrazó a su mujer y a su hija; las dos tenían mucho talento para el baile. La familia de Antonio se encontraba a una distancia prudente de ellos, y las murmuraciones acerca de su amante y su hija no se hicieron esperar.
- ¡Papá está montado en toda una yegua! No hay duda de que esa mujer está muy buena -dijo su hijo mayor.
- Sí es cierto, ¿y qué me dices de la hija, nuestra media hermana? También está como quiere, se mueve deliciosamente peligroso.
__ ¡Ustedes son unos imbéciles!