Daniel soltó la mano de Victoria y esta fue en busca de sus hijas. Tenía que irse cuanto antes; debía volver con su familia, no podía estar ni un minuto más en esa casa donde era odiada por todos.
Le pidió a una de las empleadas que la ayudara a organizar las niñas. Tomaría un taxi y se marcharía de aquel terrible lugar.
Pero Daniel la hizo detener en su afán de marcharse.
—¡Mis hijas no salen de esta casa! ¡Ellas no salen de aquí!
—¡Tú no eres el padre de ellas!
—Qué novedad, querida. Si no so