Daniel estaba en el estudio con una botella de whisky en la mano. Su madre, preocupada, lo observaba desde la puerta. En los últimos días, Daniel no hacía más que beber y discutir con todos en la casa.
—Hijo, ¿qué sucede contigo? Últimamente te veo de mal humor y muy pensativo —preguntó ella, con tono preocupado.
—Problemas, mamá. Nunca faltan —respondió él, sin mirarla.
—¿Es por esa chica, Victoria?
—Sí... —admitió, apretando la mandíbula—. Siento que no me ama. Solo me está utilizando. Y para