Victoria, al mirar el reloj que estaba colgado en la pared de su cuarto, se sobresaltó: eran las 10 de la mañana. Había dormido todo ese tiempo; ella acostumbraba a estar despierta antes de las 6 y hoy había abusado de su día libre. Primero tomaría un gran desayuno, pues el hambre la estaba matando; luego una ducha, se arreglaría un poco para ir en busca de información sobre el gran jefe Pluma Blanca, Andrés Castillo. Ahora siendo casi vecinos, Victoria se fue caminando hasta la casa de los Ca