Autos elegantes se dirigieron al cementerio de la ciudad. Allí descansaría en paz Daniel Castillo, padre. Ya en el cementerio, el sacerdote comenzó con la misa y a hablar de la vida eterna en el más allá. Luego de hablar sobre la perversión de la humanidad, saltó a hablar del difunto, de lo importante que había sido para su familia y su empresa, en fin, lo de siempre. La familia estaba muy triste, pero eran conscientes de la enfermedad de Daniel y su muerte la vieron más como un descanso para t