**Mikail**
Entré en la habitación con sigilo, como si el silencio fuera lo único que aún me pertenecía.
La noche estaba fría, pero el calor que irradiaba su cuerpo, aún dormido en la cama, bastaba para abrigar todo el maldito palacio.
Lyra.
Estaba allí, acurrucada sobre su costado izquierdo, con los labios entreabiertos y el ceño ligeramente fruncido. Incluso dormida parecía llevar una carga.
Me acerqué despacio, con una mano extendida como si temiera que al tocarla, ella se desvaneciera.
Alg