**Lyra**
El pañal en mis manos todavía tenía el olor seco de la sangre.
No podía moverme. No podía gritar. Ni siquiera podía arder.
Algo en mí se quebró en silencio, con la violencia de una tormenta sin viento. Sentí que la habitación se desdibujaba.
Las paredes se cerraban. Y todo lo que podía oír era mi propia respiración… rota.
Había amado a ese bebé con el alma. Había sentido cómo crecía dentro de mí.
Y ahora, ese simple pedazo de tela teñido de rojo me decía que la herida seguía abierta.