Lyra
Krimson no dejaba de observar a Mikail, como un lobo preparado para saltar. Lo veía tensar los puños, el pecho inflarse con cada respiración. Sentía la amenaza en cada movimiento que hacía.
—No se te ocurra acercarte de nuevo a ella —gruñó Krimson, plantándose delante de él—. No me importa quién seas ni de dónde vengas. Si das un paso más en falso, lo vas a lamentar.
Mikail no respondió. Solo me miró una última vez… como si aún esperara una respuesta distinta. Luego se giró y se perdió ent