Capítulo XXII

Selene

Una tonta sonrisa bailaba en mis labios desde que Ilan salió de la cabaña y me dejó para que preparara su desayuno. No sabía por qué, o desde cuándo, pero empezaba a gustarme mucho estar cerca de él. Cada vez que sus dedos rozaban mi piel, algo en mis venas se encendía y en mi estómago revoloteaban decenas de mariposas; era una locura. Nunca había sentido algo ni remotamente parecido.

Me dispuse a buscar en la pequeña cocina lo necesario para preparar la comida para ambos. No sabía exact
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