Selene
Después de llevarme a su cabaña, Kaiya me indicó el camino hacia su pequeño cuarto de baño, donde lavé mi cuerpo y aproveché para tallar mi ropa con el jabón que la joven me dio. No había tuberías de plomo, ni llaves, ni retretes de porcelana; solo la privacidad que brindaba el espacio y dos grandes vasijas de barro que almacenaban agua, así como una letrina rústica con un intrincado diseño ecológico que me hizo suspirar de alivio.
Kaiya me explicó que ellos fabricaban sus propios produc