Ilan
Las lágrimas de Selene corrían libres por sus mejillas mientras mis hermanos se burlaban eufóricos por lo que yo había dicho. Su mirada se encontraba distante, en otro lugar y tiempo diferentes, y creía imaginar justo a dónde había ido su mente. Me odié por haberla traído aquí, por hacerla recordar toda la humillación que ya ha vivido y por ahora formar parte de su dolor.
Aunque se lo advertí, eso no me hacía sentir mejor con mi consciencia. Yo sabía lo que iba a pasar apenas cruzáramos la