Ilan
Habían pasado varios minutos desde que Selene se fue y aún no regresaba. Comencé a sentirme inquieto temiendo que alguno de mis hermanos la hubiera seguido solo para molestarla. Decidí no esperar más, y cuando estaba a punto de ir en su búsqueda, Garo llamó a la puerta:
—Ilan, hermano, ¿estás ahí?
—Adelante, hermano.
Garo cruzó la puerta de entrada, y yo no perdí la oportunidad de asomarme hacia afuera con la esperanza de ver llegar a Selene.
—¿Buscas a tu «mascota»? —cuestionó con una son