Capítulo XLII

Selene

Selene

La mañana ya se encontraba en todo su esplendor cuando llegamos al que, supuse, era el territorio de Adrik. No sabía qué esperar de este lugar; parecía una aldea humana abandonada repentinamente. Incluso había juguetes regados por las calles y ropas tendidas en los patios traseros de las casas como si algo o alguien hubiera aterrorizado a toda la población, obligándolos a huir de sus viviendas y, por la faceta que acababa de descubrir de Adrik, ya tenía una ligera idea de lo que p
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