Selene
—¿Por qué asumes que sé quiénes son? —resopló la loba, observándome con fastido—. Y, obviamente, no estoy aquí por voluntad propia.
Respiré, tratando de calmar mi nerviosismo. No ganaba nada perdiendo los estribos.
—Es verdad, lo siento. ¿Tienes alguna idea del por qué nos han traído? —cuestioné de vuelta—. ¿Ellos son Sigmas?
Me estremecí de solo pensarlo.
—Selene —dijo cautelosamente y mi cuerpo se sacudió al escuchar mi nombre salir de su boca, pero hice un enorme esfuerzo por tratar d