La palabra final del doctor Andrews había sido: "Remisión completa." La leucemia estaba en remisión.
El protocolo experimental había funcionado a la maravilla. El bebé, a pesar de toda la toxicidad, estaba sano y Daisy había soportado como la mejor guerrera hasta el final.
La noticia nos golpeó con tal fuerza que la frialdad de mi lógica se desmoronó por completo y la contención se rompió. Daisy y yo solo pudimos abrazarnos y llorar allí mismo, en ese pequeño y aséptico consultorio, mientras el