Mi mundo estaba cerca de ser un caos, pero no me importaba el caos. Mi verdadero mundo estaba en la habitación de al lado.
Cinco años.
Cinco años de gloria, de poder, de victoria. La memoria de Avery se había desvanecido con el tiempo, dejando solo los reflejos distantes en mi pequeño. No era un fantasma, no era un eco. Era un recuerdo lejano, un recuerdo que no me importaba. Saqué a Avery por completo de mi vida y me centré en mi hijo. Saqué a Avery de mi mente, de mi cuerpo, de mi existencia,