Narra Kaia
No dormí, otra vez. Pero esta vez no fue por el silencio inquietante del Inframundo o por miedo de ser perseguida. Fue porque cada vez que cerraba los ojos, sentía sus manos en mi cintura. Su boca contra mi cuello. El peso de su cuerpo presionándome contra la pared y la forma en que había dicho "pronto" como si fuera promesa y amenaza simultáneamente.
Me giré en la cama por décima vez, mirando el techo agrietado.
La marca en mi brazo pulsaba con calor constante. Podía sentir exact