Serath sonrió, notando mi retroceso.
—¿Por qué? ¿Por qué estoy diciendo cosas que te hacen dudar? —preguntó, inclinándose ligeramente hacia mí—. Cincuenta años, pequeña mortal. Cincuenta años de conocerlo en formas que tú nunca podrás.
Theron se adelantó, colocándose entre nosotras.
—Suficiente —interrumpió con advertencia en su voz—. Tu tiempo terminó.
Pero Serath no se movió. Mantuvo sus ojos fijos en mí con una intensidad depredadora, sin apartar la mirada.
—¿Sabes siquiera cuántos años tien